Los juegos Gacha y la adicción a las drogas

Hola, ¿qué tal? ¿Cómo va tu noche?

Aquí, en Geek de Noche, nos gustan los videojuegos —O bueno, me gustan, soy el único aquí—. Los videojuegos nos hacen sentir cariño, nostalgia y dar uno que otro suspiro dramático. Pero hoy vamos a tocar un tema… ligeramente incómodo. No te preocupes, no es una intervención. — Nadie va a quitarte el celular ni borrar tu cuenta.

Solo vamos a hablar de los juegos gacha y su inquietante parecido con la adicción a las drogas.

Sí. Ya sé. Suena fuerte. Pero quédate conmigo un momento —no te vayas, cobarde—.

Respira. Vamos poco a poco.

El primer tiro es gratis (más o menos)

Todo gacha empieza igual: te regalan tiradas. Te dicen “bienvenido”, te lanzan confeti digital y, de pronto, ¡BOOM!, obtienes un personaje raro. Luces, sonidos, colores. Dopamina directa al cerebro.

Eso no es casualidad.—No eres la persona mas suertuda del mundo —. Es diseño.

El sistema está pensado para que tu cerebro asocie azar + recompensa como algo placentero. No sabes cuándo va a pasar, pero podría pasar en la siguiente tirada. O la siguiente. O la siguiente. Y ahí estás tú, convencido de que ahora sí.

—Una más y ya —dices, mintiéndote con mucha seguridad.

La tolerancia sube, la billetera baja

Al inicio todo emociona. Luego… ya no tanto.

Ese personaje que antes te hacía gritar ahora es “meh”. Necesitas uno más raro. Más exclusivo. Más brillante. —Más bustona. Te hablo Genshin Impact—.

Aquí entra el problema: el sistema no cambia, pero tú sí. Necesitas gastar más para seguir avanzando igual. Y cuando no sale lo que quieres, no sientes solo decepción… sientes frustración. Casi enojo contigo mismo. Casi culpa.

No es que no sepas jugar o ya no tengas suerte. Es que el juego está diseñado para empujarte justo ahí. No vende personajes; vende la sensación de que estás a punto de ganar.

Y eso, amigo mío, es peligrosamente efectivo.

No todos caen… pero muchos sí

Importante aclarar algo: no todos los que juegan gacha desarrollan una adicción. Así como no todos los que prueban algo se enganchan. Pero el riesgo existe, y es real.

Especialmente para personas jóvenes, impulsivas o que buscan escapes rápidos al estrés. El gacha no juzga. No te pregunta cómo estás. Solo te dice:

—Tal vez ahora sí.

Y eso, repetido cientos de veces, deja huella. No siempre económica, a veces emocional. A veces ambas.

Entonces… ¿son el demonio?

No necesariamente. Los juegos gacha no son villanos con bigote retorcido. Son productos. El problema es cuando el diseño prioriza la compulsión sobre la diversión.

Jugar está bien. Gastar ocasionalmente, también. Pero cuando el juego deja de ser juego y empieza a sentirse como una obligación diaria, una ansiedad constante o un “ya invertí demasiado para dejarlo”… ahí hay que levantar la ceja.

O las dos. —O las tres, lector reptiliano—.

Los videojuegos deberían ser eso: juegos. No máquinas de ordeñar dopamina hasta que no sientas nada.

Si algo te quita más de lo que te da, aunque tenga waifus increíbles y música épica… tal vez sea momento de pausar.

Cuídate mucho.

Cuida tu tiempo, tu dinero y tu salud mental.

Y no olvides: el mejor drop siempre es cerrar el juego a tiempo.

No te conviertas en un adict@ y no dejes de ser un Geek de Noche.

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